La aparición del término interculturalidad o interculturalismo parece motivada por las carencias de los conceptos de multiculturalidad y multiculturalismo para reflejar la dinámica social y para formular el objetivo de nuevas síntesis socioculturales.

Las primeras formulaciones respecto a la interculturalidad, como propuesta de actuación, surgieron en el campo educativo. En la escuela, como campo de intensa interacción, se hace evidente la insuficiencia del pluralismo entendido como suma o coexistencia de culturas.

La noción de interculturalidad introduce una perspectiva dinámica de la cultura y las culturas. Pretende disminuir los riesgos de esencialismos, etnicismos y culturalismos. Se centra en el contacto y la interacción, la mutua influencia, el sincretismo, el mestizaje cultural; es decir, en los procesos de interacción sociocultural cada vez más intensos y variados en el contexto de la globalización económica, política e ideológica y de la revolución tecnológica de las comunicaciones y los transportes. El debate sobre la interculturalidad se suma a los ya existentes sobre la ciudadanía común y diferenciada.

Podemos encontrar que la interculturalidad hace referencia a algún tipo de contacto, interacción o comunicación entre grupos humanos de diferentes culturas, pero en un contexto problemático, a nivel de la vida social cotidiana o para la teoría social.

Para la vida social, la interculturalidad se encuentra asociada a:

1. Problemas de comunicación deficiente (por desconocimiento de la cultura del otro) en proyectos y programas variados: salud, educación, producción...
2. Problemas relacionados con discriminación a grupos étnicos o raciales diversos.
3. Relaciones usualmente asimétricas entre grupos étnicos o culturales distintos.

La interculturalidad sólo puede ser entendida como alguna forma de comunicación entre grupos étnicos diferentes, por lo que es necesario precisar no sólo qué se entiende por etnia y etnicidad, sino también los conceptos relacionados que suelen aparecer de inmediato: raza y racialidad.


La interculturalidad es en realidad comunicación intercultural; es decir, la existencia de la interacción como fenómeno implica inmediatamente situarse en un fenómeno comunicacional porque describe una relación entre culturas que, buena o mala, se está comunicando por necesidad de una o de ambas partes. La comunicación intercultural es el grado de comunidad de vida compartido por agentes de comunidades distintas, pero que por una u otra razón se encuentran comunicándose en un momento dado.

Uno de los debates que origina la interculturalidad es el hecho de que la interacción no se da la mayoría de las veces en un plano de igualdad sino de desigualdad, dominio y jerarquías etnoraciales, junto con los sistemas de estratificación de clase y género. También se debate cómo se puede construir una nueva síntesis cuando los grupos que deben participar en ello son por lo general grupos dominantes o dominados, mayorías o minorías.
 

La tolerancia consiste en el reconocimiento de los demás como personas; es decir, el reconocimiento del derecho a que se les respete y a disfrutar una vida digna en el marco de una comunidad. La tolerancia «no es un fin, sino un medio. Es la calidad esencial mínima de las relaciones sociales que permite descartar la violencia y la coerción. Sin tolerancia la paz no es posible».

Podría estar justificada una cierta desconfianza hacia las connotaciones de la palabra «tolerancia» que puede significar la concesión de respeto a la diversidad que otorga el grupo mayoritario hacia los grupos minoritarios que proceden de otras culturas, cuando en realidad la cuestión debería ser la de la igualdad de todas las personas en derechos.

Los Años Internacionales son la ocasión para propiciar ideas y organizar debates y sensibilizar. En 1995 fue proclamado el Año de las Naciones Unidas para la Tolerancia, poniendo de relieve una virtud individual que aparece cada vez más como una necesidad política y jurídica para la coexistencia pacífica:

- Aceptación y aprecio a la diversidad.
- Capacidad de vivir y dejar vivir a los demás.
- Capacidad de tener sus propias convicciones aceptando que los otros tengan las suyas.
- Capacidad de gozar de sus derechos y libertades sin vulnerar los del prójimo.

La tolerancia es el fundamento de la democracia y de los Derechos Humanos. La Declaración de principios sobre la Tolerancia fue adoptada y firmada el 16 de Noviembre de 1995, el día del 50 aniversario de la adopción de la Constitución de la UNESCO.

El Año Internacional para la Tolerancia tenía como objetivo inmediato sensibilizar a los políticos y a la opinión pública de los peligros ligados a las formas contemporáneas de intolerancia, conflictos de origen social, religioso y cultural, en ocasiones degenerando en guerras.


Actualmente la llegada de trabajadores desde los países del sur de América, de Europa, así como desde África, está generando en nuestro país un pluralismo y una heterogeneidad cultural nuevas. Según las perspectivas previstas, a los inmigrantes afincados en nuestro país se van a ir sumando un número aún mayor. Pero la integración no será fácil si no hacemos frente a un nuevo sistema social y cultural donde está presente el paro, la discriminación, el racismo y la xenofobia.

En una situación como ésta, los inmigrantes sólo pueden aspirar, en una gran mayoría, a una economía de subsistencia que sólo les permitirá vivir en zonas deprimidas económica, social y culturalmente. Si a ésto añadimos que las relaciones sociales que se producen en estos espacios pueden generar procesos de socialización tamizados por valores en muchos casos opuestos con los del grupo social normativo generalizado, brotará un sistema cerrado en el que la inadaptación subsiguiente empeorará la situación personal a la vez que fomentará más rechazo social, etiquetado y estigmatización.

También tenemos que considerar el desequilibrio que produce en los inmigrantes la transición a otro país extraño: inestabilidad, cambio en el rol anterior, asunción de normas generalmente distintas, etc. En este sentido, es necesario valorar el impacto que el nuevo ámbito social produce en el inmigrante, ya que, al abandonar su país, desaparece la presión social inmediata y, si no es capaz de internalizar el nuevo contrato social y, por tanto, no asume las nuevas normas, quedará expuesto, con toda probabilidad, a inadaptaciones.

Ante esta realidad, es indispensable la puesta en práctica de acciones de carácter socioeducativo que cumplan el objetivo de prevenir la aparición de conductas inadaptadas, como por ejemplo, la puesta en marcha de programas multiculturales de carácter preventivo destinados a la población inmigrante y que permitan el acceso de esta población a los medios culturales y a los derechos esenciales de todo ciudadano (educación, sanidad, vivienda, trabajo) de forma que favorezca la adaptación social y, por tanto, una mejora en su calidad de vida.

La inmigración es un fenómeno que está ahí y va a seguir estando, independiente de que nuestra sociedad lo quiera o no y de la actitud que adoptemos ante ella. En este sentido, las consecuencias de ese hecho inevitable sí pueden variar según la actitud que adoptemos la sociedad receptora. Si por encima de otros aspectos, situamos el valor de lo humano, la inmigración supone un reto y por lo tanto, no hemos de entenderla como una amenaza a nuestro estado de bienestar, sino como una magnífica ocasión para enriquecernos mutuamente.

La convivencia multicultural es una realidad vigente que necesita de un planteamiento preventivo de la educación, que prepare a los ciudadanos inmigrantes, y también receptores, para una nueva situación, en donde sean capaces de erradicar los problemas que van a surgir a partir del contacto entre dos culturas. Desde esta perspectiva, debemos proponer programas comunes en donde se recogan todos aquellos aspectos que van a configurar el nacimiento de una nueva cultura, fruto de las relaciones entre las personas que emigran y los del país que los reciben.

El educador-a ha de intervenir sobre situaciones de multiculturalidad, orientando su acción hacia la consecución del reconocimiento, entendimiento, convivencia y adaptación mutua entre actores sociales o institucionales etnoculturalmente diferenciados y mediante el ejercicio del rol de intermediario-a entre las partes involucradas:

- Conociendo y modificando los estereotipos y los prejuicios.
- Favoreciendo una valoración positiva de las culturas diferentes.
- Propiciando una toma de conciencia sobre la necesidad de un mundo más justo.
- Favoreiendo la incorporación de la minoría a la sociedad sin que por ello pierdan su identidad cultural.
- Promoviendo el encuentro entre culturas para fomentar la igualdad real.

A través de este Curso pretendemos el acercamiento de los educadores, agentes sociales y mediadores a una nueva realidad que, aunque sea indirectamente, le tocará vivir en más de una ocasión, o incluso puede suponer el eje principal de toda su actuación. Para ello nos hemos marcado unos objetivos que el alumno-a puede alcanzar a través del estudio y la reflexión:

 
- Facilitar el conocimiento sobre los distintos tipos y corrientes migratorias, así como sus causas, con el fin de tomar conciencia de ese mundo diferente y actuar de forma responsable ante esa realidad.
-Observar y conocer la evolución que ha tenido la inmigración a lo largo de la Historia.
- Potenciar la diversidad cultural y el descubrimiento de otros valores culturales.
- Conocer los rasgos principales que envuelven a los colectivos de población inmigrante en España: características sociodemográficas, prácticas culturales y categorías de vida.
-Facilitar al alumno unos conocimientos básicos que le ayuden en su práctica profesional.
-Conocer la mediación social intercultural como metodología de intervención con población inmigrante.
-Aproximarnos al significado de la Convivencia Intercultural.
-Conocer las habilidades y funciones del Educador/a, así como la metodología de intervención en situaciones de conflicto en los diferentes ámbitos de actuación.
-Conocer el marco institucional en materia de inmigración.
- Aprender a afrontar los conflictos de forma positiva...

Otros cursos de este Plan de Formación de Educadores/as, como es el caso del Curso de Educador-a de Calle o el Curso de Mediador-a en Marginación Social, aportarán al Educador-a con Inmigrantes nuevas herramientas para desarrollar más eficamente su trabajo en este ámbito.

La mediación es el método de gestión de conflictos que incluye a un tercero, neutral, que es el mediador, con la función de ayudar a que las partes involucradas puedan negociar desde la colaboración una resolución satisfactoria para todos.

A grandes rasgos, se habla de mediación cuando la comunicación entre dos partes no puede llevarse a cabo sin el puente de una tercera persona que, con su intervención, ayuda a las partes implicadas en un conflicto a buscar alternativas y soluciones al mismo. La mediación consiste pues en:

«una modalidad de intervención de terceras partes neutrales entre actores sociales o institucionales en situaciones sociales de multiculturalidad significativa, en la cual el profesional tiende puentes o nexos de unión entre esos distintos actores o agentes sociales con el fin de prevenir y/o resolver y/o reformular posibles conflictos y potenciar la comunicación, pero sobre todo con el objetivo último de trabajar a favor de la convivencia intercultural».

En función del ámbito de trabajo y de la condición de las partes en el proceso de mediación, se puede decir que existen diferentes tipos de medicaciones, como pueden ser la mediación familiar, cultural, intercultural, etc.

La mediación cultural consiste en una acción de conjunto que favorece la integración cultural de los inmigrantes y su inclusión en la sociedad de acogida a un nivel de igual dignidad. Junto a la dimensión personal de la mediación está entonces aquella colectiva, que incluya grupos y asociaciones y facilite una verdadera y propia integración social. La mediación, así considerada, es el alma de la política migratoria y de la misma integración porque, colocándose al final de aquellas decisiones que tienen una naturaleza preferentemente instrumental, lleva a preguntarse sobre el significado de la convivencia de personas de cultura diferentes y a individuar y a rendir operantes las posibilidades de una cadena funcional y enriquecedora.

La mediación intercultural se da siempre que hay culturas distintas en contacto. Es un fenómeno múltiple, sin que exista un modelo único, pues tiene que hacer frente a diferente índole de conflictos a que se le someten, debido a la realidad social en las que éstos se inscriben y en ocasiones en la relación que ha de mantener con otros mecanismos de resolución. Esta capacidad de transformación de la mediación es la clave del auge que está obteniendo en nuestros días. La figura de la mediación constituye hoy un fenómeno completo y plural, bastante reciente, que en España no cuenta con mucho más de diez años.


Aquí nos conviene dejar claro que el ámbito de mediación que nos interesa se refiere al que se produce en los «contextos pluriétnicos o multiculturales» de los que habla Giménez Romero, generalmente como consecuencia de la llegada de inmigrantes, lo que implica la mayor parte de las veces la presencia de varias lengua s, sistemas de valores y modelos comunicativos.

Siguiendo a Giménez Romero (1997: 142): Entendemos la Mediación Intercultural -o mediación social en contextos pluriétnicos o multiculturales como:

«Una modalidad de intervención de terceras partes, en y sobre situaciones sociales de multiculturalidad significativa, orientada hacia la consecución del reconocimiento del Otro y el acercamiento de las partes, la comunicación y comprensión mutua, el aprendizaje y desarrollo de la convivencia, la regulación de conflictos y la adecuación institucional, entre actores sociales o institucionales etnoculturalmente diferenciados».

La mediación es considerada como un arte e implica el «saber hacer» con unas aptitudes, una gestión que muchas veces sobrepasa la simple adquisición de técnicas para la resolución de conflictos, pudiendo catalogar a la mediación dentro del marco de la recomposición en la reparación de relaciones sociales y del establecimiento de nuevas relaciones entre individuos, muchas veces de diferentes culturas y etnias como puede ser el caso de la mediación social para la inmigración, y por tanto las relaciones sociedad civil y estado.

Por lo tanto, la mediación intercultural se puede definir como una modalidad de intervención de terceras partes neutrales entre actores sociales o institucionales en situaciones sociales de multiculturalidad significativa, en la cual el mediador tiende puentes o nexos entre los distintos actores o agentes sociales con el fin de prevenir y/o resolver y/o reformular posibles conflictos, pero sobre todo con el objetivo último de trabajar a favor de la convivencia intercultural.

 

Las relaciones interculturales a menudo están oscurecidas por visiones del mundo excluyentes. El racismo nace de una teoría fundamentada en el prejuicio según el cual hay razas humanas que presentan diferencias biológicas que justifican relaciones de dominio entre ellas, así como comportamientos de rechazo o agresión. El término «racismo» se aplica tanto a esta doctrina como al comportamiento inspirado en ella y se relaciona frecuentemente con la xenofobia y la segregación social, que son sus manifestaciones más evidentes.

La evolución de las culturas muestra que el fenómeno del racismo encuentra su fundamento en la concepción que los hombres tienen de la diversidad. De ello dan claro testimonio los sentimientos de xenofobia que desatan las luchas étnicas o tribales.

En la Grecia antigua la afirmación de una identidad colectiva por oposición a algunas etnias y a ciertos grupos de población se traducía en el hecho de que los habitantes de las ciudades llamaban «bárbaros» a aquéllos que vivían fuera de los límites del mundo griego.

La antigua práctica de la esclavitud y de la servidumbre ilustra igualmente las relaciones de dominio que han existido en el curso de la historia en etnias y pueblos diferentes, o incluso dentro de sociedades y grupos culturales. Señores y esclavos podían pertenecer a un mismo origen étnico, pero las diferencias sociales estaban claramente marcadas: los esclavos no tenían derechos, ni siquiera el de ciudadanía. La misma regla se aplicó a los pueblos vencidos en la guerra y reducidos a la esclavitud. Este último ejemplo, en el que la opresión se ejerce sobre grupos humanos específicos, culturalmente diferentes de sus opresores, se corresponde con las tesis racistas formuladas en la época moderna y su práctica.

Las primeras colonizaciones marcan el principio de la servidumbre de etnias específicas que iban a convertirse en pueblos dominados, forzados a inclinarse ante una voluntad externa. Al extenderse el colonialismo, Europa se arrogó una misión cultural, adoptando como vocación ideológica la educación social y religiosa de los pueblos llamados «salvajes», cuya cultura fue sistemáticamente ignorada y abocada a la desaparición. El progreso científico y técnico que tuvo lugar en Europa contribuyó a reforzar el sentimiento de superioridad de los occidentales, que consideraron su supremacía como natural e inherente a su civilización.
 
 

 

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